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sábado, 7 de febrero de 2015

Brahms: en la tradición renovada. La herencia de Beethoven, Schubert y Schumann

Introducción. Brahms el custodio de la tradición
Entorno musical de Brahms. Sobre el hombre y su vida
Estética
Obra periodos
Música sinfonica
 
Brahms, el custodio de la tradición.
 
Johannes Brahms fue uno de los compositores alemanes contemporáneos de Wagner que tuvo jerarquía suficiente para ponerse más o menos a la misma altura que éste.
Wagner , revolucionario, hombre del futuro. Brahms, clasicista que aborda las  formas abstractas, y que jamás escribió una nota de música de programa y tampoco óperas.

 
Brahms, fue un clasicista consciente que ocupó durante la segunda mitad del siglo XIX una posición análoga a la de Mendelssohn en la primera mitad. Como Mendelssohn, se daba por satisfecho con las antiguas formas, y las conocía mejor que cualquiera de los músicos contemporáneos. Amaba sobre todo a Bach. Refiriéndose a la Chacona, a Clara Schumann le decía: “sobre la base de un instrumento pequeño, un hombre compone un mundo entero formado por los pensamientos mas profundos y los más tremendos sentimientos.”
 
Conocía bien el periodo clásico y era un estudioso profundo de la música de Beethoven. En general se desentendió de las violentas corrientes románticas, “la música del futuro.” Se contentaba trabajando como lo habían hecho los antiguos maestros, utilizando el contrapunto, la variación, y la forma sonata. Tenia una acentuada inclinación hacia la canción popular alemana, pero la suya no es música nacionalista. Una música caracterizada por los ritmos cruzados en el estilo de Schumann, con un sentido beethoviano del desarrollo, y la sensibilidad de Bach para la polifonía. Desde el principio decidió que seria un compositor de música pura, un músico absoluto, un músico que cumpliría la función de correctivo frente a las extravagancias de Liszt y Wagner. Aunque admiraba al primero como pianista.
 
Entorno musical de Brahms y aspectos del hombre y su vida
 
La polémica wagnerismo y tradición
 
La imponente influencia musical de Wagner en todo el panorama de la música del último tercio del Siglo XIX y parte del XX  así como la reacción antiwagneriana, es una constante durante este periodo.
 
La postura enemiga o antiwagneriana sin embargo es débil y arranca de estímulos puramente estéticos.  Representante de ella es el famoso musicólogo y crítico musical austriaco,  Eduard Hanslick. Sus teorías combaten las doctrinas estéticas que ligan la música a la expresión del sentimiento subjetivo haciéndola caer en una dependencia excesiva de la sensación. La música es una pura acción nacida del espíritu y en él permanece. Hanslick disparaba no solo sobre los wagnerianos, sino contra la tendencia poemática, y toda la música en prosa postromántica. Aquí es inevitable el nombre de Richard Strauss. Brahms se beneficiará toda su vida del apoyo incondicional aunque algo torpe del gran critico Hanslick.
 
El antiwagnerismo lleva las sinfonías de Brahms como emblema y bandera de polémica. El grupo más conservador del Imperio vuelve los ojos hacia Goethe, como reacción contra el naturalismo. Ante la música de Wagner , se mantuvo lejano y respetuoso, pero sus admiradores irritaron a  Wagner, presentando la música de Brahms como declaradamente enemiga.
 
Los músicos más reacios a toda la emotiva perturbación wagneriana, buscan refugio en Beethoven, cuya novena sinfonía recibe ahora las mayores admiraciones. Brahms procede personalmente y musicalmente del círculo íntimo de Schumann y de Clara. Schumann que había llegado a hacer amistad con Wagner durante la época de Dresde, se mantuvo siempre reservado. Wagner que exigía no ya admiración sino sacrificio, despreció a Mendelssohn y a Schumann.
 
Nada más alejado del Wagnerianismo como forma de vida que el sentido musical de Clara. A la muerte de Schumann, Clara se convierte como interprete en el portavoz más bello del intimismo romántico. En ese ambiente se ha hecho Brahms y recoge el testigo de la tradición romántica sin renunciar al ansia romántica de voz grande y poderosa en el cultivo de la música sinfónica.
 
Cierto que en la actualidad no aparecen como enemigas, aunque sigan siendo muy diferentes, las músicas de Brahms y Wagner, pero entonces desde Viena aparecían como incompatibles. Hasta se buscaba refugio en músicas de la más delicada levedad. Es el caso de Eduard Grieg que se convierte en el músico más popular de Viena.

Desde sus primeros años en Hamburgo, es la una vida de burgués alemán del Norte, pacifico, soñador, romántico y robusto a la vez. Para un carácter como el de Brahms, el contacto con Schumann y Clara supone la definitiva formación de sus horizontes sentimentales y su encierro en la clave más cordial del romanticismo.  Sus Lieder y sus obras para piano están perfectamente adaptados al intimismo romántico. Es una música que pertenece de manera plena a la burguesía alemana, llena de simpatía hacia una música de emociones tan amiga y familiar.
 
Brahms, no podía escapar al ansia romántica de voz grande y poderosa. Quiere ir mas allá y restaurar la severidad y la grandeza del coral luterano. Este es el lado aparatoso, solemne y más formalista de sus cuatro sinfonías y del Réquiem Alemán (1868). Adolfo Salazar lo resume de esta manera: “ Su pensamiento propendía a la abstracción, hacia el ensimismamiento de una religión austera como la protestante frente al barroquismo y el fausto de los católicos meridionales. Lo que Lutero fue al coral , Brahms lo es a la sinfonía. La sinfonía de Brahms es la revancha inconsciente del músico tradicional alemán; el alemán del norte, austero, abstraído, huraño frente al sensualismo invasor de la música alemana en las décadas centrales del Siglo XIX. El instinto nórdico, que desde hacia años se sentía postergado, se siente vengado por Brahms. Cada músico que vivía en la penumbra, ve en Brahms un redentor; esto explica el éxito de Brahms, clamoroso en el Norte pero indiferente en el Sur.”
 
Junto al Brahms anterior, vive en las mismas sinfonías otro Brahms del Sur con dos ternuras distintas; por una parte hay momentos bellísimos que corresponden a la tónica intimista del piano y del lied romántico; por otra parte, existe un suave perfume popular, que no depende de elementos folclóricos, que imprime a los movimientos de las sinfonías un autentico sello de genialidad y que constituyen el último paso de la sinfonía romántica
 
Apoyados en estos últimos elementos acabará de conquistar Brahms los países latinos, donde Brahms es uno de los románticos mas queridos. Los momentos formalistas, luteranos, son absorbidos por el público desde un plano puramente romántico, con un sentido beethoviano.
 
Liszt y Wagner eran músicos extraños a Brahms y sentía poco respeto por Bruckner, Mahler, Tchaikovsky, Verdi, o Richard Strauss. El compositor contemporáneo a quien mas apreciaba era el rey del Vals, Johan Strauss hijo
Entre Wagner y Brahms existía una admiración renuente. Eran los dos jefes de las escuelas contrapuestas, y si bien cada uno sentía escaso interés por la obra del otro, sin embargo no existía entre ellos un estado de hostilidad franca.
 
Ya en 1860, Brahms con su amigo Joachim, Julius Otto Grim y Bernard Scholz había firmado un manifiesto contra la así llamada “Música del Porvenir.” Nadie prestó atención a la proclama. La mayoría eran músicos jóvenes, todavía no probados. Si a Brahms se lo consideraba el jefe de la escuela clásica, no era algo que él hubiese promovido, y el asunto incluso lo exasperaba. Fue Hanslick, amigo de Brahms, e influyente critico uno de los principales factores de la presentación de Brahms como el enemigo de Wagner, en pos del cual marchaban los músicos puros, Clara Schumann, Joachim y demás defensores  de la tradición.
 
En general Brahms vivió una vida desprovista de episodios destacados. Pasó en Alemania y en Viena la mayor parte del tiempo. Viajó poco y no se esforzó mucho por promover su música. Compositor de principios inflexibles, también era hombre de principios inflexibles.
 
Quisquilloso, áspero, ultrasensible y de mal carácter; pero todos los biógrafos coinciden que debajo de esa apariencia hosca había un corazón generoso. Su lenguaje franco y rudo y su incapacidad para aceptar otro punto de vista le costaron enemigos. En Viena muchos señalaban semejanzas con Beethoven, ambos de poca estatura, caminando la cabeza inclinada hacia delante y las manos unidas tras la espalda. Brahms mantuvo a lo largo de su vida siempre costumbres modestas.
 
A la edad de 20 años, Brahms había compuesto varias obras importantes para piano (El Scherzo en mi bemol menor, La sonata para piano en do mayor y la sonata para piano en fa menor.) Como toda la música para piano de Brahms hasta llegar a las Variaciones Haendel, se trata de obras densas y serias, con bajos rumorosos, y ausencia casi total de encanto, pero irradiaban grandeza y había en ella algo de monumental.
 
Con relación al piano, menospreciaba el virtuosismo de Liszt y los tiernos adornos de Chopin, y se preocupaba principalmente de la idea y no de la textura. La fama, así , era difícil de conseguir.
 
Brahms en el círculo de los Schumann y de los conservadores
 
Si había un compositor viviente a quien el joven Brahms apreciaba profundamente, ése era Schumann. En 1853 los dos hombres se conocieron en Düsseldorf. De su encuentro , Schumann se sintió tan impresionado que escribió un extenso articulo, en que se refería a él como una joven águila, y predijo que en él se originarían grandes cosas.
 
Tan intensa era la simpatía entre Schumann y Brahms que aquél insistió en que el joven se mudase a su casa. Brahms, estableció una estrecha amistad con el matrimonio Schumann. Brahms estaba junto a Clara cuando Schumann intentó suicidarse, y estuvo con ella cuando su marido murió en 1856. Brahms acabó enamorándose de ella. Existen distintas versiones sobre si la relación entre ellos fue más que platónica. En todo caso la memoria del hombre a quien ambos amaban debía mantenerlos unidos. Clara y Brahms pensaban de manera parecida en música y tenían mas o menos los mismos ideales y aspiraciones.
 
La otra gran amistad de su vida fue la que le unió al violinista Joseph Joachim que era al violín lo que Clara Schumann representaba para el piano: un defensor de la fe, un bastión del clasicismo en el reino romántico.
 
Leipzig era el cuartel general de la nueva corriente de neo mendelssohnianos archiconservadores. Antón Rubinstein expresaba lo que muchos músicos pensaron cuando apareció por primera vez la música de Brahms. “Para el salón no posee elegancia suficiente, para la sala de conciertos carece de la fiereza necesaria, para el campo no es bastante primitiva y para a ciudad no es suficientemente cultivada.”
 
Al margen de lo que opinaron los críticos y algunos músicos, era evidente que comenzaba a escucharse una voz nueva y potente, y algunas figuras importantes de la Alemania musical tomaron nota. La reputación de Brahms crecía lentamente.
 
La obra que hizo famoso a Brahms fue el réquiem alemán, que se ejecutó por primera vez en Dresde en 1868.  El texto alemán fue extraído de la Biblia luterana, y carece de relación con los ritos ortodoxos. Incluso se evita el nombre de Cristo. Brahms que creció en un ambiente luterano, era un librepensador y esto turbaba a sus amigos religiosos. “Un hombre tan grande, una alma tan grande y no cree en nada.”
 
Brahms cultivó todas las formas clásicas
 
Hasta 1876 abordó todas las formas, excepto el poema sinfónico y la ópera. Ésta no le interesaba, aunque a veces decía que le gustaría haber compuesto una. Pero la sinfonía era otra cosa. Sus amigos insistían en que compusiera una, pero el se resistía. Como todos los románticos, enfrentaban el temible espectro de la Novena de Beethoven, obra con la cual debían compararse todas las sinfonías.
 
Finalmente en 1876 presentó su Primera Sinfonía. Brahms venia trabajando en esta obra desde hacia muchos años y no quería precipitarse. Quería tener el absoluto dominio del medio para no quedar ensombrecido por Beethoven. Las palabras de Brahms son elocuentes: “ Componer una sinfonía no es una broma. Ustedes no tienen ni idea de lo que uno siente cuando oye detrás el retumbo de los pasos de un gigante como Beethoven.” Por supuesto los ambientes musicales europeos inmediatamente compararon con Beethoven la sinfonía en do menor; tanto más cuanto que un tema del último movimiento de la obra de Brahms mostraba cierto parecido con la Oda a la Alegría de la Novena. Muy excitado, Hans von Bülow, celebre director de la época y el interprete más grande de la música orquestal de Brahms, afirmó que la sinfonía de Brahms, era la “Decima”. Brahms se sintió medio irritado y medio complacido por el exabrupto de Bülow. Bülow realizaba constantes giras con la orquesta y siempre incluía en el programa la música de Brahms. Toda la devoción que antes había profesado a Wagner ahora la depositaba a los pies de Brahms.
 
El año siguiente ( 1877) Brahms siguió con otra sinfonía. Y después una obra maestra tras otra: el concierto para violín en 1879; el concierto para piano en si bemol en 1881; la Tercera Sinfonía en 1883; la Cuarta Sinfonía en 1885; el Concierto para violín y violonchelo, en 1887. Después de la Primera Sinfonía produjo muchas obras para piano, así como lieder  y tres sonatas para violín. El Trio y el Quinteto para clarinete ( ambos de 1891).
 
En 1896, fallece Clara Schumann. Fue un duro golpe para Brahms, que expresó su dolor en sus nobles y sombríos fragmentos, de Sus Cuatro Canciones Serias opus 121 (Vier emste Gesänge) Finalmente era también el turno de Brahms, poco después de la muerte de Clara, Brahms recibía la terrible noticia de que moría de cáncer. El 7 de marzo , penosamente,  abandonaba el lecho para escuchar su Cuarta Sinfonía y recibió una gran ovación. Fallecía el 3 de abril.
 
Estética.  Renovacion dentro de la tradición
 
Brahms es un alemán del norte, imaginativo soñador, exaltado, en quien se injertarán en forma accidental y pasajera influencias vienesas y húngaras. Brahms gusta del orden y de la forma rigurosa que siempre encontramos en este hombre del pueblo y en este luterano. Si aprovecha constantemente los esquemas clásicos, no los trata con las dificultades ni con la timidez de un Schubert, un Schumann, o un Mendelssohn. Magnifica y amplía sus proporciones, los enriquece partiendo de sus mismos principios, sin tratar de negarlos o de evitarlos. Es esto lo que constituye su mérito. Un equilibrio profundo dentro de una fantasía inventiva constante.
 
Brahms es quien mientras se desarrolla la prodigiosa aventura wagneriana, va a dar una continuación al genio de Schumann, a completarlo, a llevarlo al término que aquel no alcanzó, logrando la síntesis que debía ser intentada al cabo de los grandes impulsos románticos.
 
Su material temático es siempre muy rico; algunos de sus allegros de sonata incluyen hasta cinco o siete temas. Con él, el arte de la variación adquiere una diversidad, libertad y amplitud, no solo desconocidas en su época desde Beethoven, sino que jamás serán nuevamente alcanzadas. Sus sinfonías son modelo de equilibrio y de densidad, pero es sobre todo en la Variaciones sobre un tema de Haydn y en sus obras concertantes donde mejor demuestra sus cualidades y el alcance emocional de su inspiración.
El lenguaje rítmico es también complejo con superposición de ritmos, desplazamientos de acentos y sincopas.
 
Heredero de Beethoven por el contenido conflictivo de su música, de Schubert por su apego al tematismo popular, de Schumann por su lirismo y su sentido del heroísmo caballeresco. También estuvo muy cerca de los maestros y de los modelos clásicos y preclásicos. Exaltó la música pura, romántico por naturaleza, pero clásico en su preocupación por una arquitectura y estilo tradicionales.
 
Animado por un lirismo y una pasión natural alimentada por la literatura de su época, no miró solo, como Schumann, hacia el futuro. Muy pronto supo sacar provecho de las lecciones del pasado tal como Bach, Mozart o Beethoven lo habían hecho en su tiempo. Los polifonistas antiguos, luego Bach, Haendel, Haydn, Mozart y  Beethoven, así como la canción popular, son las enseñanzas que acepta para expresar una sensibilidad moderna. Los esquemas clásicos basados en la forma sonata, en cuyo marco el poeta se manifiesta con toda libertad, en nada entorpecen al Brahms arquitecto. Su lenguaje es el de su época, apasionadamente romántico. También es a veces audaz innovador, mostrando encadenamientos de acordes muy adelantados con respecto a su época, una invención rítmica de inagotable fantasía, totalmente moderna, y una libertad formal que no se volverá a encontrar después en Alemania. Es así como escapó al academicismo que hubiera podido acecharlo. Sin embargo se lo consideró académico durante largo tiempo y algunos aun lo consideran tal.
 
Sobre la ejecución de las obras de Brahms
 
Una de las  quejas formuladas contra la música de Brahms era la dificultad de ejecución. Tanto los conciertos para piano como el concierto para violín abundan en pasajes desusados e incomodos y en cada una de estas obras hay fragmentos de resolución verdaderamente difícil. Hay extensos fragmentos de ritmos mezclados. Algunos oyentes de la época decían que tales ritmos provocaban mareos. En realidad estos fragmentos son el comienzo de la escritura polirritmica de muchas partituras contemporáneas, escribiría mas tarde Arnold Schoenberg.
 
La técnica de Brahms no es ostentosa y sobradamente está demostrado por los interpretes de hoy en día que a pesar de sus dificultades y el desafío que suponen, son obras que pueden ejecutarse; obras imprescindibles para los interpretes. 
 
OBRA. Periodos
 
Existen como en tantos compositores tres periodos definidos en la vida creadora de Brahms. Al principio le preocupó la lucha con la forma. Su música tenia grandes proporciones, perseguía propósitos absolutamente serios y una nobleza consciente de si misma que resultaba extrañamente atractiva. Podía ser tosca, e incluso sus admiradores así lo reconocían. Sus primeras obras están revestidas de una terrible dignidad, una seriedad profunda y al mismo tiempo honesta, unos rasgos que elevan esta música por encima del nivel corriente.
 
En un periodo ulterior, Brahms prefería que no se ejecutara la música de su etapa temprana. Y es que sucede no solo que la fijación beethoviana se manifiesta con exceso, sino que obras como las tres sonatas para piano, el Trio en si menor, o el sexteto en si bemol tienden a ser controlados por las ideas formales. La forma domina al compositor, y no a la inversa. Suena espesa y excesivamente trabada. Incluso más tarde, como en el quinteto para piano en mi menor de 1864, hay un espesor que gravita sobre la música.
 
Con las Variaciones Haendel (1861) y las Variaciones Paganini (1862-63), Brahms ingresó en una nueva fase de la composición para piano, la cual culminó con las Ocho piezas de 1878 y las dos Rapsodias de 1879. Ya encontramos mas seguridad y entusiasmo, mas brillo pero sin concesiones a la frivolidad. Las Ocho piezas breves del opus 76 son las primeras que compuso de acuerdo con estas bases. Las piezas son variadas y muy refinadas desde el punto de vista de la armonía y el ritmo. Otra característica de la música del periodo intermedio, por ejemplo en los tres cuartetos para cuerda, es la elegancia. La música de Brahms se ha hecho mas distendida y se percibe un rasgo inesperado de encanto. En los Liebes-Lieder Waltzes, que son unas gratas evocaciones de la familia Strauss, Brahms aparece exultante de encanto. La música roza lo sentimental.
 
En las canciones, de las que compuso unas 250, alcanza el equilibrio perfecto. Sus canciones se ajustan mucho a la tradición de Schumann, incluso con las partes para piano a menudo demasiado densas, y muestran un lirismo comparable con el de aquél.
 
Las obras de su ultimo periodo tomaron un curso diferente del esperado. Mientras Beethoven puso en su música una intensidad y brío crecientes, Brahms parecía relajarse cada vez más y se puede describir esta música, como una música otoñal. Su estilo se tornó cada vez mas apacible y reflexivo, especialmente después de su Cuarta sinfonía de 1885.
 
En sus últimos años, Brahms compone un tipo de música muy dulce y personal, sin que por ello carezca de tensión. La sonata para violín en re menor; el Quinteto para clarinete y los Intermezzi para piano, exhiben una serenidad que es única en la obra de un compositor.
 
Es el atardecer del Romanticismo y resulta difícil describir la luminosidad de este sol poniente. Emite una luz constante y tibia, no fulgurante y angustiosa como la música de Mahler, no elevándose a medio camino desde el horizonte como en las sinfonías de Bruckner, ni formando explosiones solares como en la música de Richard Strauss. Es la música de una mente creadora, muy segura de sus materiales.
 
Examinamos más en detalle los diferentes géneros que cultivó Johannes Brahms

La Música Sinfónica (Las Sinfonías)
 
Brahms escribió cuatro sinfonías, compuestas en nueve años, pero cronológicamente reagrupadas de dos en dos (1876-77; 1883-85). Es importante destacar que Brahms esperó a tener escritos un concierto para piano (1854-59) , sus dos serenatas (1858-1860)  y sus variaciones sobre un tema de Haydn (1873) para terminar y estrenar  su primera sinfonía , que se extiende nada menos que a través de veinte años de trabajo. Queda así claro el peso de la responsabilidad que entendía que asumía al convertirse en el heredero de Beethoven.
 
Sin embargo aunque son evidentes algunas referencias a Beethoven (sobre todo en la sinfonía nº 1), las sinfonías de Brahms difieren de las beethovianas, sobre todo por su renuncia al Scherzo, tan importante en Beethoven que normalmente se reemplaza por un movimiento medio característico, de espíritu Schubertiano.
 
Con Brahms, la sinfonía en la forma en que fue tratada por los primeros grandes románticos, llegó a su fin.
 
Sus cuatro sinfonías son tan familiares, que no se deberían prestar a un análisis extenso. La Primera en do menor opus 68 (1876), fue concebida después de años de experimentos angustiosos. 
 
Todo el primer movimiento nos llama la atención por su angustia. Después de la árida sonoridad del Allegro, el segundo movimiento lento, es una de las más bellas páginas del romanticismo de Brahms con una instrumentación cálida y refinada. En el tercer movimiento, en lugar de un scherzo, aparece una encantadora página llena de poesía, más animada que el movimiento precedente. Semejaría esta página a una pastoral, pero desprovista de rusticidad en beneficio de una alegría tranquila, casi religiosa.
 
 
La Segunda sinfonía en re mayor opus 73, es la más lirica y es estrenada en 1877. Fue criticada como superficial y ligera, lo que desagradó a los amigos de Brahms. Pero su segundo movimiento resultó misterioso e intrincado para sus contemporáneos. Esta sinfonía en re mayor es, en relación con la Primera en Do menor, lo que el cuarteto para cuerdas en la menor con respecto al cuarteto para cuerdas en do menor, o sea lirismo después del drama.
La segunda sinfonía obtuvo un éxito mayor que la primera. Es mas fácil de abordar y ejerce una mas inmediata seducción sonora, sobre todo su primer movimiento. En esta segunda sinfonía, no encontramos ni las crispaciones ni los conflictos dolorosos de la primera, pero está toda ella revestida de la sombría potencia nórdica que caracteriza a Brahms. Asimismo se constata en ella un vínculo directo que une a Brahms con el clasicismo.  Si es verdad que los movimientos lentos son por lo general los más conseguidos por Brahms, el segundo movimiento es un notable ejemplo, siendo la parte más rica de la sinfonía. Sobre el cuarto y último movimiento se ha comparado a veces con el final de la Sinfonía Júpiter de Mozart. Hanslick señala en este final la sangre mozartiana.
 
La Tercera sinfonía en fa mayor opus 90, es estrenada en 1883. A partir de su estreno obtuvo un inmenso éxito y fue pronto conocida y admirada en Europa y en EEUU. Se le dio el nombre de Heroica por asociación con la numero tres de Beethoven. Cierto que está presente el heroísmo sobre todo en el primer movimiento, pero como siempre en Brahms, el conjunto de la obra ofrece una mezcla de sentimientos bastante complejos. Tiene dos aspectos que a veces se ignoran. El primero es que  hacia el final del ultimo movimiento, Brahms retoma el tema inaugural del primer movimiento en una reminiscencia gentil y serena. Una vez más, en ese el final del último movimiento, se aparta de Beethoven desechando un final triunfante y adopta un final tranquilo, majestuoso, transparente e inhabitual, pero muy representativo de Brahms, compositor meditativo por excelencia. Muchos creen que este recurso fue inaugurado por Brahms.

Tampoco se ha advertido que el tema con el cual Brahms comienza la sinfonía, después de dos acordes iniciales, proviene de Schumann.
Como en las sinfonías precedentes, el tercer movimiento nada tiene que ver con un scherzo: todo es languidez dolorosa y tiene una de las melodías mas fácilmente memorizables de Brahms, en la misma vena que las danzas húngaras.
 
Finalmente su última sinfonía, la Cuarta en mi menor opus 98, estrenada en 1885 alcanzó relativamente poco éxito durante mucho tiempo. Se la consideró demasiado misteriosa, y su tonalidad en mi menor, molestó a algunos músicos. Está considerada como la mas clásica, sobre todo en su aspecto formal. Claude Rostand la define como una sinfonía de otoño, imagen que refleja bien su humor a la vez atormentado, fogoso, rudo y solitario. Con respecto al primer y segundo movimiento, es imposible dejar de ver en ellos los acentos Dvorakianos, anunciadores de la sinfonía del nuevo mundo. En concreto en el segundo movimiento apenas podemos encontrar en Brahms otras paginas que expresen con tanta fuerza la dimensión narrativa, legendaria de su música. Es un nuevo testimonio de su influencia sobre Dvorak y algún tema de la trompa es casi textualmente el del futuro concierto para violonchelo de Dvorak. El tercer movimiento, es la única vez en las sinfonías de Brahms que podemos compararlo con un scherzo y aun así solo por su aire, no por su forma que se aproxima a un rondo-sonata. Su movimiento  final, es nada menos que una chacona, que en su día  fue juzgado seco. El modelo de la chacona permite construir aquí a Brahms el mas prodigioso modelo de variaciones de toda su obra sinfónica.
 
Tanto por el encanto de los dos primeros movimientos y la vitalidad del tercero, la riqueza y la envergadura de este final hacen de la última sinfonía de Brahms, con justeza la más estimada.
 
En la actualidad los juicios han cambiado y sus cuatro sinfonías gozan de favor y fervor  de los aficionados a la forma sinfónica. Cuatro muestras geniales de un genero que tal como se había conocido desde el clasicismo estaba tocando a su fin. En su tiempo fueron juzgadas excesivamente Beethovianas y aunque viven en esa gran tradición, son las obras genuinas y originales de otro gran genio.
 
Sus sinfonías como en general la música de Brahms están en lo que podríamos denominar, la tradición renovada y acerca de la cual decía Stravinsky:
 
“La tradición es cosa distinta del habito. Una tradición verdadera no es el testimonio de un pasado muerto. Es una fuerza viva que anima e informa al presente. Bien lejos de involucrar la repetición de lo pasado, la tradición supone la realidad de lo que dura.
Brahms nació sesenta años después que Beethoven. Del uno al otro, desde todo punto de vista, la distancia es grande; no se visten de la misma manera, pero Brahms sigue la tradición de Beethoven, sin pedirle por eso ninguna prenda de su vestimenta. Porque el préstamo de un procedimiento no tiene nada que ver con la observancia de una tradición. Se reemplaza un procedimiento: una tradición se reanuda para hacer algo nuevo. La tradición asegura si la continuidad de la creación.”

Las dos Serenatas. Serenata nº 1 en re mayor (opus 11 -1858) y Serenata nº 2 en la mayor (opus 16 – 1860)
 
Estas serenatas son el primer trabajo para la orquesta de Brahms. Fueron compuestas en Detmold, donde Brahms conoció las obras del mismo titulo de Mozart, y son un homenaje a los divertimentos musicales del siglo XVIII, al mismo tiempo que representan un genero que volverá a estar de moda entre algunos románticos (Dvorak y Tchaikovsky). Las dos serenatas de Brahms sin embargo, solo han obtenido una mediana notoriedad. Brillantes, emocionantes, pero también desiguales resultan a veces demasiado largas.
 
 
Las Variaciones sobre un tema de Haydn (opus 56 a)
 
Los años 60 los consagra a la composición de sus grandes obras para piano ( Variaciones sobre un tema de Haendel y Variaciones sobre un tema de paganini) a la música de cámara y al Réquiem alemán. Hasta 1873 no vuelve a trabajar para la orquesta con estas Variaciones sobre un tema de Haydn, inmediatamente seguidas de su primera sinfonía.
Maestro de la variación, Brahms ya tenia en su activo los grandes ciclos pianísticos sobre un tema de Schumann, sobre un tema de Haendel y sobre un tema de Paganini.
 
Las Variaciones Haydn, son ocho mas un final en forma de passacaglia. Hay quien valora en ellas sobre todo la técnica de la escritura (contrapunto), otros valoran más la orquestación. En todo caso, las Variaciones son un magistral ejemplo de objetividad clásica en un compositor romántico, muy diferentes de sus sinfonías y son una obra maestra de la producción orquestal de Brahms.
 
Las Oberturas
 
La obertura para una fiesta académica opus 80 y la obertura trágica opus 81 datan de 1880. La primera fue compuesta como agradecimiento al nombramiento de Brahms como doctor honoris causa de la universidad de Filosofía de Breslau. De la Obertura Académica destaca el celebre Gaudeamus Igitur, que termina esta obra de circunstancias, con una jocosa solemnidad. La Obertura Trágica por el contrario es una obra mas personalizada y estructurada en forma sonata. A pesar de las tentativas de interpretación literaria, es una obra de música pura, representativa de su temperamento nórdico; fogosa, ruda, huraña, que en momentos se interioriza.
 
Las Danzas húngaras.
 
De las 20 Danzas húngaras que Brahms escribió para piano a cuatro manos entre 1852 y 1869 solo tres: las números 1, allegro en sol menor, número  3 Alegreto. Vivace en re menor-re mayor  y número 10 Presto en mi mayor fueron compuestas para orquesta. Las Danzas en sí mismas no son húngaras, sino zíngaras.  Son estas danzas las que han dado la imagen de un Brahms popular. Dotadas de un encanto lirico y un verbo innegables. Fue sobre todo Dvorak sobre quien estas danzas ejercieron cierta influencia, y escribió unas danzas eslavas siguiendo este modelo.